domingo, 25 de marzo de 2012

Proyecto Adictos a la escritura: La Frase

Bueno chicos, creo que la inspiración ha visitado mi casita y he podido dar forma a la frase que me ha tocado para este proyecto. La frase fue: "Escondiéndose entre las sombras miró en su dirección, una sonrisa sesgada cruzó su rostro anticipándose a lo que estaba por venir". Espero que os guste.

ESCONDITE
Era verano y hacía calor, sin embargo la llegada de la noche lo aliviaba en cierta manera, aunque no del todo. Pero él no sentía calor, ni siquiera el alivio de dejar de sentirlo. Estaba muy tenso, sus manos cerradas en puños le dolían por la fuerza en la que sus dedos se envolvían sobre sus palmas y las uñas más largas se le clavaban en la piel. Su espalda estaba tan recta y estirada que le comenzaban a doler los lumbares por el esfuerzo de tanto tiempo en esa postura. Pero tenía que permanecer allí, no podía ser visto bajo ningún concepto.

A su alrededor no se oía nada, ni siquiera las voces de los vecinos del pueblo que se sentaban por las noches al fresco a hablar de los cotilleos del día, estaban todo demasiado lejos de él como para oírlo o ser oído. Era el entorno perfecto para que todos sus planes fuesen perfectos. Nada podía salir mal porque si no, sería atrapado y todo el tiempo que había estado allí escondido habría sido en vano.
De pronto, oyó unos pasos que se alejaban de su escondrijo cada vez más. Alguien se estaba alejando de allí, tenía que saber de quién se trataba. Escondiéndose entre las sombras miró en su dirección, una sonrisa sesgada cruzó su rostro anticipándose a lo que estaba por venir. Había llegado el momento de la diversión. Era en ese momento o nunca.

Entonces salió de entre las sombras de su buen escondite sin hacer ruido y, cuando vio que estaba fuera de peligro, echó a correr como nunca antes lo había hecho. Pronto oyó pasos apresurados a su espalda, le había oído, tenía que correr todavía más, no podía ser alcanzado.
Corrió y corrió. Le daba la sensación de que el otro corría mucho más rápido. Notó que le faltaba el aire y que las piernas le fallaban por momentos, no tenía que haber estado de pie tanto rato. Pero el lugar de destino estaba cada vez más cerca. Él empezó a estirar el brazo para que le quedara menos distancia que recorrer. Por fin tocó la superficie lisa de la iglesia de su pueblo y dijo en voz muy alta:
¡Salvado!

Orgulloso por su hazaña, volvió la vista atrás para encontrarse con la mirada abatida de su amigo, pronto le oyó quejarse como hacía siempre:
Jo, siempre encuentras los mejores lugares para esconderte y siempre corres más que yo.

Él le vio doblarse hasta alcanzar sus rodillas y resoplar por la falta de aliento que le había supuesto la carrera. No pudo más que tocarle la cabeza con camaradería y decirle orgulloso de sí mismo:
-          Te dije que no tenía rival jugando al Escondite, amigo. Ahora sabes que no miento.

Espero que lo hayáis disfrutado. ¡Nos leemos!

martes, 21 de febrero de 2012

Proyecto Adictos a la escritura: Especial san Valentín. Diseña tu propio Cupido

¡Hola a todos! Hoy después de dos meses sin participar he vuelto con san Valentín bajo el brazo. No sé muy bien si habré cumplido con el objetivo, pero yo he quedado satisfecha con lo que ha quedado y espero que os guste a vosotros también.
¡A leer!

LA HABITACIÓN INCOHERENTE
El hada Razón estaba muy contenta con su trabajo. Construir habitaciones era algo que le apasionaba. Le encantaba ver cómo las personas que se lo encargaban, encontraban en ellas todo lo que necesitaban para poder realizar todas sus actividades cotidianas con eficacia y eficiencia.
Ella siempre pensaba en todo, conocía a sus clientes y pensaba en lo que necesitaban. Si se trataba de un estudiante, le construía una habitación espaciosa para poder colocar todos sus libros sin que le molestasen, con una gran ventana donde el sol pudiera proporcionarle la luz suficiente para poder estudiar sin gastar dinero en luz. Si se tratase de un artista le proporcionaría grandes ventanales para que le permitiera ver el mundo que le rodease y que se inspirase. Si era una persona introvertida, le entregaba una habitación más pequeña en la que se sintiese más a gusto consigo mismo. Cada una de las demandas las estudiaba con mucha profundidad y reflexionaba sobre las cosas más lógicas que pudieran tener, nada fallaba en sus reflexiones y ningún cabo se quedaba suelto.
Pero esa vez, antes de entregar la habitación que había preparado para uno de sus múltiples clientes, se encontró con algo que la sacó de sus casillas. Su habitación había sido destrozada, todos los muebles que había colocado estaban de un lado a otro sin orden ni control, uno de sus pilares maestros estaba lleno de golpes y de manchas y en la pared había pintado un enorme corazón de color rosa y otro más grande de color rojo.
¡No podía ser! Toda su obra destrozada a menos de unas horas para ser entregada. Vio, entonces, en el suelo, sentado aún terminando de pintar con sus manos corazones más pequeños, al culpable de toda esa algarabía.
¡Otra vez ese maldito niño! Siempre entraba en todas las habitaciones que hacía y se las destrozaba. Cupido, ese niño revoltoso e impertinente que se les escapaba a todos de las manos para dejarlo todo patas arriba y que siempre se le escapaba. Pero esta vez no, le había pillado con las manos en la masa y no pensaba pasárselo ni una vez más.
Lo tomó de su camiseta y lo levantó asustándole en el acto, lo mantuvo en alto mientras el pequeño pataleaba y sus rizados cabellos se movían de un lado a otro al son de los movimientos de su cabeza. Pero Razón no se inmutó, era inflexible y ella siempre tenía la última palabra. Se mantuvo en sus treces y dijo:
-         Te he pillado, Cupido. No trates de huir porque no lo vas a lograr.
El niño pareció comprenderlo y se resignó a ser reñido, pero aún así no soltó las pinturas de su mano y miró a Razón con unos ojos llenos de inocencia:
-          No me mires con esa cara que no te la crees ni túsiguió diciendo ella. Ahora mismo vas a arreglar todo este estropicio y no vas a poder librarte.
-          Pero Razóntrató de explicarse el niño, yo soy quería ayudarte. Antes era muy aburrida esta habitación, ¿no te parece que está mucho mejor así?
Razón miró a su alrededor. Claramente ese niño estaba mal de la cabeza. ¿Cómo iba a estar bien eso así? Estaba todo destrozado, sin armonía, desordenado, caótico. Algo así era peligroso, su clienta estaría en peligro de hacerse daño o incluso de sufrir un shock ante tal caos por no saber cómo volverlo todo a la normalidad, incluso ese desorden podría hacerle llorar de frustración. ¿Quién querría algo así?
-         ¿Cómo va a ser más bonito así? Esto no sirve para nada, ¿cómo va a trabajar o vivir alguien con un desorden de tal calibre?
-          ¿No te gustan las paredes, Razón?preguntó él tratándola de hacer entender¿Han quedado mal?
Ella miró a su alrededor. No podía negar que sin contar el desastre que había preparado, la habitación estaba muy bien decorada, era muy bonita. Pero aún así, ¿para qué servía que fuera bonito? No le encontraba ninguna utilidad a tener la habitación así.
-          ¿Me quieres explicar para qué narices querrá mi clienta tener la habitación así? No le sirve para trabajar, ni para dormir o comer, sólo está ahí adornando sin servir para nada. Es estúpido y no tiene ningún sentido para mí.
-          Pero Razón…comenzó a decir Cupido desesperado.
-          No tienes excusasfinalizó ella sin dejarse amilanar por los desmanes de ese niño manipulador¡Arréglalo!
Ya le había soltado y le había colocado en la mano una brocha blanca para que tapara todo lo que había hecho cuando de repente su clienta llegó. Razón enmudeció por lo que iba a pasar a continuación. Se la iba a cargar. Sin embargo, no fue eso lo que ocurrió:
-          ¿Está es mi habitación?preguntó ella con una sonrisa.
-          Eh… no de verdad. Lo que pasó fue…intentó hablar Razón, pero fue interrumpida.
-          ¡Me encanta!exclamó la chica emocionada tocando las paredes. Estos corazones son preciosos, es mucho mejor de lo que hubiera querido.
-          P-pero, ¿no ves qué están desordenada y os podéis hacer daño?preguntaba Razón anonadada. Está habitación está hecha un caos.
-          ¡Está preciosa decorada!exclamó ella emocionada. Muchas gracias.
Razón se quedó totalmente paralizada. ¿Cómo le podía gustar eso? Pero al ver que su clienta estaba muy emocionada y no prestaba oídos a ninguna de sus advertencias acerca de la realidad, decidió marcharse confusa.
De pronto, vio que Cupido la seguía, no parecía victorioso pero sí muy contento, por lo que decidió saber qué estaba pasando:
-          Todo esto es absurdo, Cupido, ¿pero no ve que es un error? ¿No ve que puede hacerse daño? ¿Que no es lógico?
-          No es lógico, Razónfue lo único que Cupido le dijo antes de añadir. Se llama amor
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Bueno eso es todo, para mí Cupido es como un niño revoltoso, que entra en tu vida sin avisar y sin que lo esperes, que siempre está desordenando tu vida sin ninguna mala intención, pero que sus desórdenes pueden llegar a hacer más daño del que pretende. No concibo nada más puro, imprevisible e inocente que un niño pequeño y es así como yo veo el amor. Un quebradero de cabeza constante para nuestra razón, que la nubla y la confunde siempre. 
Espero que os haya gustado. ¡Nos leemos!


lunes, 30 de enero de 2012

Adictos a la escritura:La historia enlazada

¡Hola! Aquí os traigo mi parte de la historia enlazada. Espero que sea de vuestro agrado. El resto de la historia se encuentra en nuestro foro de adictos a la escritura.
¡A leer!


ESCLAVOS
El mercado de esclavos. Un lugar prohibido por los hombres libres de la tierra, un lugar vetado como destino si deseas conservar tu libertad, pero en ese momento, un lugar imprescindible en su camino hacia su destino.
Grandes casas de madera se levantaban sobre sus ojos y una multitud de personas pasaban a su alrededor sin prestarles ninguna atención. Todos iban vestidos con largas túnicas holgadas de colores cálidos y turbantes que cubrían sus rostros para protegerse del intenso calor y evitar la deshidratación, sólo se podía apreciar que eran en realidad humanos, por la pequeña franja que permitían ver sus ojos. Algunos acompañados de varios camellos o caballos y otros con grupos de personas semidesnudas a las que trataban con mucha rudeza. Estaba claro lo que eran. Esclavos.
Todo ese panorama era lo que Val podía vislumbrar a través de la estrecha ranura de su turbante. El calor era asfixiante y notaba cómo el sudor descendía por su espalda, acto que sin embargo no fue incómodo, sino más bien un cierto refresco para su piel. Miró atrás y se encontró con el resto de su compañía vestidos igual que él. Había sido una muy buena idea mimetizarse con el entorno para pasar desapercibidos. Pero aún así le preocupaba el hecho de poder ser descubiertos, sobre todo a las mujeres.
Miró discretamente a Aura, que se encontraba hablando de forma distraída con Eric, el labrador. Aunque podía pasar por un hombre más, sus rasgos eran demasiado notorios para una persona observadora. Sólo esperaba que no pasase nada.
Ya habían hablado antes, al idear el plan de pasar desapercibidos, de la extrema precaución que debían de tener, de no llamar la atención por muy desagradable e injusto que les resultase lo que fueran a ver. Aunque todos habían estado de acuerdo y se habían centrado en la misión de encontrar la choza del curandero, Val no podía dejar de sentirse preocupado.
Con cuidado de no perder de vista a nadie, comenzó a caminar al interior del lugar. Eric y Aura se colocaron a ambos lados de él y eso le tranquilizó en cierta manera, así Aura estaría bajo su atenta mirada y, en caso de no ser así, Eric podría protegerla.
A cada lado del grupo, diferentes puestos que ofrecían objetos exóticos intentaban captar su atención de distintas formas, pero todos tenían la orden de no prestar atención a nada. Sin embargo, Aura no pudo evitar tornar la vista hacia ellos y apreciar las preciosas piedras que vendían, los colgantes de colores llamativos y la diferente bisutería que parecía valiosa. Ella siempre había deseado poder comprarse artículos de tal calibre, pero sus orígenes humildes se lo impedían.
Decidió dejar de pensar en lo que ella deseaba, no era el momento, el mundo les necesitaba. Volvió la cabeza en dirección a Val, él no se fijaba en nada, tenía la vista al frente, como si estuviera abstraído. Pero ella sabía que no lo estaba, que estaba tenso por lo que estaban pasando. Así que decidió seguir su ejemplo y mantenerse alerta.
Tenía mucho calor. Daba gracias a haberse podido quitar el cinturón que el ángel Metratón le había entregado y que toda la armadura hubiera desaparecido. Sólo de pensar en llevar esa pesada armadura con ese calor bajo esas ropas, hacía que tuviera más calor que antes.
Siguieron avanzando entre los puestos. Pudieron ver con impotencia cómo azotaban a un pobre niño moreno con un látigo que gemía y gritaba de dolor ante la mirada sádica y poderosa de su amo. El pequeño trataba de protegerse como podía, pero sus pequeños brazos no eran suficientes para protegerse y cada vez soportaban menos.
Eric lo miraba con impotencia e, inconscientemente, llevó su mano a la empuñadura de su arma, recientemente adquirida. Odiaba la violencia y la injusticia. Le recordaba a su infancia bajo el yugo de un tirano señor que torturaba y asesinaba a su pueblo alegando su propiedad sobre ellos, marcas de látigo como las que ese niño tenía surcaban su espalda hechas cicatrices mal curadas. Tenía que salvar a ese niño, como fuera.
Ni siquiera pensó un minuto lo que debía hacer, ni lo que se habían dicho que no hiciese. Él desenvainó su espada y trató de separarse del grupo en dirección al esclavista, cuando de pronto, una mano se posó sobre su hombro con rudeza y le empujó en dirección al grupo de nuevo. Eric se volvió confuso y se encontró con su amigo Kaal, uno de los compañeros del grupo que le miraba enfadado. Todo el grupo se había vuelto en su dirección, confusos.
-          No seas estúpido, ahora no puedes hacer nada por élle dijo su amigo muy serio.
Él no dijo nada, parecía haber vuelto a ser consciente de lo que había estado a punto de hacer y se sentía avergonzado. Se había prometido a sí mismo no hacer ninguna tontería al respecto, pero la realidad le había sobrepasado. Los recuerdos esclavistas de su infancia le habían jugado una mala pasada y había estado a punto de delatar a todo el grupo:
-          Lo sientofue lo único que dijo, volviendo a envainar su espada, bajando la cabeza.
Miró entonces a Val, este se había quedado mirándole enfrente de él, pero no podía ver la expresión de su rostro. Temía que estuviera enfadado con él y le dijera algo, pero simplemente se dio la vuelta y continuó caminando sin decirle nada. No sabía qué pensar, pero ese acto le había deprimido aún más de lo que estaba.
-          No te preocupesoyó de pronto a su lado una voz femenina, que le llamó la atención. Él no está enfadado contigo, es normal que te sientas así, esto no es agradable para nadie.
Era Aura la que le hablaba mientras acariciaba su brazo con cariño y apoyo. No podía verle su rostro en ese momento, pero podía imaginarse que estaba sonriendo de forma dulce y maternal. Él inconscientemente sonrió, su ánimo había subido un poco tras esa muestra de comprensión. Ella pareció conforme con lo que había pasado y siguieron caminando juntos detrás de Val.
Mientras, el susodicho, ajeno a todos los demás, seguía alerta. El mercado se extendía hacia donde la vista la permitía ver y cada vez parecía llegar más gente de no sabía dónde. Pero lo que le llamó la atención fue que enfrente de ellos, una multitud de personas se agolpaban unas contra otras en una misma dirección. Esa multitud les obstaculizaba el paso y no tenían posibilidad de internarse por ningún otro lugar. No les quedaba otro remedio, debían pasar por allí.
Se dio la vuelta y encaró a todos sus compañeros. Estos pararon en seco y se quedaron mirándole expectantes mientras Val se acercaba a ellos:
-        Se ha formado una enorme reunión ahí y nos impide cortar por otros lugares. Vamos a tener que cruzarla a travésal ver que todos parecían darse cuenta de lo que estaba queriendo decir, prosiguió. Por lo que más queráis, no os separéis. No podemos demorarnos aquí más tiempo, podrían descubrirnos.
Todos asintieron con la cabeza y comenzaron a seguirle en dirección a la multitud. Sentían curiosidad acerca de lo que estaba sucediendo ahí y vieron una enorme tarima montada al lado derecho del camino. En ella había varias personas encadenadas de diferentes colores de piel que se encontraban en fila y un hombre delante de ellos, gritando sin parar. Era obvio lo que estaba ocurriendo, estaban vendiendo esclavos.
Aura miraban horrorizada el espectáculo que se había formado a su alrededor, cómo los trataban y cómo los gritos enardecidos de sus futuros compradores llenaban el lugar. Sólo de pensar en qué fatal destino que tocaría a esos pobres desgraciados con su nuevo amo, hacía que se encogiera más sobre sí misma.
Miró delante de ella y, al ver que Val seguía adelante a través de la muchedumbre, se sintió más tranquila y le siguió, intentando no perder de vista al resto de sus compañeros más cercanos. Pero de pronto, algo ocurrió. Un enorme golpe en la cabeza hizo que se sobresaltara y se diera la vuelta antes de ser empujada por un hombre que caía al suelo, arrastrándola a ella también.
Cayó al suelo y entonces comenzó el tumulto. No sabía que estaba pasando, pero cuando trataba de levantarse, recibía pisotones agresivos que la hacían quedarse en el suelo tendida una vez más. Sintió un pánico mortal y comenzó a gritar, pero era imposible hacerse oír ante semejante algarabía. No podía morir ahí, aplastada y destrozada por un millar de pies, tenía una misión que cumplir, no podía ni quería morir así.
Pero de pronto, sintió que era asida por los brazos hacia la superficie y que por fin podía respirar aliviada. Se volvió y se encontró de cara con el reconocible turbante oscuro de Val, pudo apreciar sus ojos a través de él y se sintió más tranquila:
-          ¡Vamos!exclamó él tomándola de la mano, obligándola a salir de allí¡No podemos permanecer más tiempo aquí!
-          ¿Pero… los demás?preguntó ella asustada por la efusividad del hombre.
-          ¡No hay tiempo!fue lo único que recibió de él.
Salieron del tumulto a duras penas, pero Aura estaba asustada, no entendía qué había ocurrido hacía un momento, ni por qué razón habían dejado atrás al resto del grupo. Algo malo le pasaba a Val.
-          Val, ¿qué ocurre? ¡Estoy preocupada!trató de preguntar a duras penas mientras corría.
Pero no recibía respuesta. Val seguía corriendo hasta internarse en una de las callejuelas donde no pasaba nadie, por lo menos ellos estaban a salvo. Sin embargo, Aura no estaba conforme y trató de recibir las explicaciones que se merecía:
-          ¿Qué ha pasado? ¿Por qué hemos dejado a los demás atrás?
No recibió respuesta por su parte y ella comenzaba a asustarse. Val estaba parado frente a ella sin decir nada, algo no andaba bien en todo eso y temía decir en voz alta lo que estaba pasando por su cabeza:
-         ¿Quién… eres? No puedo verte bien.
-          Soy yo, Valdijo de repente mientras se deshacía el turbante para mostrar su rostro a la chica, ¿no confías en mí?
Pero en lugar de calmarla, sólo consiguió asustarla más y hacer que retrocediera. Él trató de tomarla del brazo para atraerla hacia él, pero Aura retiró su brazo y se la llevó hasta su cinto donde tenía escondida una daga que le habían dado para defenderse. La levantó y le amenazó con ella, mientras decía:
-          Tú no eres Val. Él… él tiene una cicatriz que le cruza el ojo derecho, no en el izquierdo.
El impostor se llevó inconscientemente su mano a la cicatriz falsa y soltó una risita macabra que la aterrorizó mucho más. Entonces, empezó a hablar con la voz profunda, que para nada tenía que ver con Val, pero ella no se dejó amilanar y permaneció en guardia sin bajar su arma ni un milímetro:
-          Bueno, lado izquierdo, lado derecho, ya da lo mismo, ¿no?vio cómo en ese momento se había llevado la mano a su lado derecho y había formado una cicatriz idéntica a la anterior en el sitio correcto. Debo reconocer que eres muy observadora para ser una simple muchachaal ver que ella seguía sin quitarle la vista de encima sin decir nada, prosiguió. Ahora no puedes hacer nada, muchacha, estás separada de tus compañeros y de tu venerado Val. No tienes escapatoria. ¡Entrégame la gema de la Bestia Nocturna!
-          ¡Jamás!se negó ella firme y segura de sí misma¿Eres uno de los esbirros de Lucifer, verdad? Pues jamás conseguirás nada de mí.
-          Sigues siendo muy observadoravolvió a decir sin cambiar ningún ápice de su expresión neutra. Pero muy necia también. Esa daga no te servirá de nada contra mí. Te vas a arrepentir.

Mientras, Val y el grupo habían logrado salir del tumulto que se había formado hacía un momento. Ninguno sabía qué era lo que había ocurrido, pero por poco no lo cuentan. Val vio que, aparte de Aura, faltaba Eric, así que intuyó que vendrían juntos a continuación. Pero cuando vio aparecer a Eric solo, comenzó a preocuparse:
-          ¿Dónde está Aura, Eric?fue lo primero que le preguntó nada más que llegó a su altura.
-          Estaba contigocontestó el aludido confuso.
-          ¿Cómo que estaba conmigo?preguntó Val¿Cuándo?
-          Cuando empezó el tumultocomenzó a explicarse. Vi que ella había caído y fui a ayudarla, pero estaba lejos y no podía llegar. Pero de repente apareciste tú y la sacaste de allí. Luego no os volví a ver.
Val se quedó estático. Alguien se había llevado a Aura haciéndose pasar por él y nadie se había enterado. Miró a Eric y éste también parecía haberse percatado del detalle de que Aura podía estar en peligro.
-          ¡Tenemos que encontrarla!fue lo único que dijo Val antes de que empezaran a correr por todo el lugar.

martes, 22 de noviembre de 2011

Adictos a la escritura: El fragmento

¡Hola a todos! El proyecto de esta vez trata sobre un relato a raíz de un fragmento y yo he elegido el fragmento de una canción de mi grupo japonés favorito, busqué la traducción por Internet, pero tuve que reescribirlo porque parecía estar traducido por alguien que no sabe hablar español... Me ha quedado muy raro, es lo más raro que he escrito nunca, pero espero que os guste.
 
Bajo la superficie de esta escupida verdad, me río mostrando los dientes.
Ya no es algo tan nauseabundo al convertirse en hermoso.
Se vuelve loca de nuevo mi mente.”
The Gazette “The True Murderous Intent”
EXTASIS
No puedo evitar reírme ante el espejo que me muestra mi reflejo devolviéndome una sonrisa de burla dirigida exclusivamente a mí. No estaba ya segura si ese gesto lo estaba haciendo yo o mi reflejo se había convertido en un ser independiente de mí.

Pero esos ojos con unas marcadas ojeras de insomnio y enrojecidos por todas esas noches sin descanso y ese rostro empalidecido como si estuviese gravemente enferma eran míos. Esa mueca en el rostro también lo era, me reía de mí misma, algo absurdo, pero sin embargo, lo estaba haciendo.

Miré ahora la sustancia blanca que había conseguido hacía unas horas, después de hacer cosas de las que me arrepentía enormemente, pero la tenía y era toda para mí. No me importaba lo que me pasase, ni que mi reflejo siguiese parado sin perturbarse por mi movimiento y mucho menos que la habitación pareciese moverse más de lo común. Lo único que deseaba era hacer desaparecer esa terrible sensación en su interior y que esa maldita vocecita que me pedía que le diera cocaína se callase.

Me apoyé contra el lavabo y aspiré con rapidez la sustancia blanca. Me dolían las fosas nasales y sabía que tenía heridas, pero no me importaba y dejé notar el ardor de la droga pasando por mi nariz y ese ya conocido dolor en las sienes.

Volví a mirarme en el espejo más tranquila y más completa para enfrentarme con la mirada retadora de mi reflejo. Ahora era yo más fuerte y podía destruirla, ella seguía mirándome fijamente, recordándome aquella vez que dije que no iba a volver a consumir, mirándome con aquel gesto de desprecio y decepción que me recordaba a mis padres cuando volvía a recaer una y otra vez.

Le odiaba, odiaba esa mirada de desprecio, odiaba esa imagen destrozada que se parecía a mí, esa mirada apagada, esos brazos llenos de heridas por haberme autolesionado cuando no podía conseguir droga, esos hombros huesudos sobresaliendo por la camiseta de tirantes… Odiaba esa imagen débil y deprimida, esa no era yo y debía destruirla.

Después no supe qué me pasó pero me dejé llevar por una euforia sin causa e imprevista que me envolvió, disfrazada de una rabia tan fuerte que me cegó totalmente la razón. Sólo estábamos ella y yo, mi reflejo mirándome fijamente y yo que lo odiaba, sólo quería que esa cara de desprecio y de asco desapareciera de su rostro, sólo quería acabar con ella…

No recuerdo lo que hice a partir de ese momento, pero cuando volví en mí, mis manos sangraban y el espejo estaba destrozado. Me quedé contemplando mis manos, aterrada y me apresuré a lavármelas. Volví a mirar el espejo destrozado y, sin saber por qué, sonreí.

Nadie comprendería este sentimiento, nadie comprendería la paz que sentía y lo hermoso que me resultaba lo que acababa de hacer. Ahora me encontraba en paz conmigo misma y plena, todo volvía a estar bien. Había olvidado todo lo que me había preocupado anteriormente, parecía que el arranque de rabia anterior había conseguido apaciguar todo.

Sonreí tranquila. Me dolía la cabeza y comenzaba a sentirme mareada, pero la conocida sensación de energías renovadas me envolvía y deseaba comerme el mundo.

Así que, sin más, abrí la puerta del baño y me fui envuelta al sonido ambiental de la música de la discoteca donde la fiesta seguía sin mí sin importarme las heridas abiertas de mis manos que comenzaban a sangrar otra vez.

lunes, 31 de octubre de 2011

Adictos a la escritura: Especial Halloween

"Cuando los seres terroríficos actúan por su cuenta"

El terror recorrió mis venas cuando vi que ese hacha que llevaba el hombre vestido de leñador que creíamos que era un actor, era de verdad y que esa mancha roja era auténtica porque acababa de rebanarle la cabeza a un chico delante de mí. Teníamos que correr, eso no era ninguna broma, de verdad nos querían matar.
Mi mente no tenía tiempo de pensar que aquello no podía ser porque era la casa del terror del parque de atracciones de Madrid y que eran actores demasiado bien caracterizados. No, ese hombre acababa de matar a un chico y ahora nos miraba con aquella espantosa mueca con toda la intención de seguir con nosotros. Teníamos que correr.
Todo el grupo nos tiramos por el estrecho pasillo a correr. Ese hombre nos perseguía y teníamos que huir como fuera, tomé a mis dos amigas del brazo y empezamos a correr sin preocuparnos por nadie más.
Encabezábamos el grupo después de la muerte de ese chico y cuando torcimos a la esquina, nos encontramos con una imagen aterradora. Un horrendo y enorme payaso estaba allí esperándonos, mientras despedazaba el pequeño cuerpo de una chica joven con una afilada daga y ahora volvía la cabeza hacia nosotros. Su rostro enrojecido por la luz que había preparada para el ambiente marcaba sus ojeras y su horrendo maquillaje blanco. Me aterrorizaban los payasos desde niña y ese de ahí acababa de demostrarlo al mundo.
Se echó a reír con una voz aguda y estremecedora que heló cada punta de mi pelo. Quería huir de allí, ¿por qué no lo hice cuando me dieron la oportunidad de salir por la puerta de los arrepentidos?
El payaso se acercó a nosotros emitiendo sonidos que podrían ser graciosos en otra ocasión, pero en ese momento resultaba macabro. Se quedó mirándonos con una sonrisa perversa, se fijó en mis temblores y se rio más fuerte. Yo sería su víctima.
Me cogió de la camiseta y me levantó con fuerza para enfocar su mirada en la mía aterrorizándome, me iba a desmayar, no podía respirar, iba a morir de la forma que nunca hubiera querido. Vi la daga elevándose hacia mí…
Pero no ocurrió, alguien debió darle una patada y me soltó en gritos de dolor, dejándome tirada en el suelo. No esperé a más y seguí corriendo como podía, teníamos que salir de allí.
Corríamos por los pasillos y fuimos atacados por diversos personajes de terror. Freddy Krueger agarró a la última chica de nuestro grupo entre gritos y no supimos más, un par de locos atacaron a dos chicos con un cuchillo dejándolos en el suelo ensangrentados. La niña del exorcista agarró desde la cama donde se encontraba a otra persona y sólo lo supimos porque lo oímos gritar.
Mientras caminábamos notábamos que el suelo estaba pegajoso y casi no podíamos movernos, no quería mirar abajo, no quería saber. Pero una de mis amigas sí que se atrevió y gritó sin parar que el suelo estaba lleno de sangre.
Quería llorar mientras corría. No podía más, me faltaba el aire, el corazón me golpeaba con fuerza contra el pecho y la garganta la tenía tan seca que parecía que estaba tragando cartón. Quería salir, pero no encontraba la salida por ningún lado.
-          ¡La salida!gritó una chica detrás de mí y vi su dedo índice apuntando por el rabillo del ojo.
¡Íbamos a salvarnos!, sólo teníamos que cruzar ese último pasillo y estaríamos salvados. Ese último pasillo parecía que tenía carne colgada del techo y hacía mucho frío, sabía que trataba de emular el ambiente de un congelador de carne gigante donde un asesino antropófago esperaba a sus víctimas para comérselos.
De pronto, supe por qué, oímos el sonido mecánico de una sierra eléctrica a toda velocidad. ¡No! Teníamos que correr y salvarnos, no quedaba nada, ¡no podíamos morir!
Entonces hizo su aparición. El carnicero apareció y quería despedazarnos. Nos quedamos frente a la puerta sin poder pasar aterrorizados, nos estaba cortando el paso. Un grito nos alertó para seguir conscientes, acababa de arrancarle de cuajo el brazo derecho a la chica de antes con la sierra sin ningún miramiento y se reía de forma enajenada.
No podíamos pasar y la sierra mecánica iba a matarnos, sólo pude encogerme entre mis dos amigas y un chico que se había salvado hasta ahora y oír más alto y más fuerte la sierra que nos despedazaría y mataría…
-          ¡No!grité con fuerza y elevándome un poco.
Abrí los ojos y vi que estaba en mi cama y que mi hermana me miraba molesta desde la suya. Yo no paraba de respirar entrecortado y de llorar, había sido una pesadilla, pero había sido tan real…
-          Ya vale, estúpidaoí a mi hermana y me volví a ella. Si tanto miedo te da entrar en la casa del terror del parque de atracciones la noche de Halloween no vayas. No hace falta que me des la noche.
Después de eso, se volvió a acostar y yo me quedé mirando la nada sintiéndome estúpida por momentos. ¿Cómo me podía dar miedo que esa noche todos los actores se volvieran los asesinos que encarnaban? Era la cosa más tonta del mundo. Sin embargo, después de ese sueño, decidí que llamaría a mis amigas para decirles que estaba enferma y que no podía ir con ellas al día siguiente a la semana de las brujas.
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Ante todo, la idea desde el principio era no escribir un relato de terror, sino más bien de humor. El miedo no es mi mejor aliado a decir verdad jaja
En esa casa del terror, aunque me lo pasé en grande, fueron los minutos más estresantes de mi vida la verdad y cuando se me acercó un payaso casi me da un infarto. Nunca me han hecho mucha gracias esas cosas.